miércoles, 4 de marzo de 2026

 

El Aula como Hervidero de Situaciones: Una Disección de la Trama Relacional Escolar

Autora: Dra. Idalia Cornieles

Resumen: El presente ensayo analiza la complejidad del salón de clases a través de la metáfora del "hervidero". Se proponen cinco niveles de interacción que configuran la realidad educativa, explorando las tensiones entre la burocracia, la praxis pedagógica y las subjetividades ocultas que dictan el destino del proceso enseñanza-aprendizaje.

Introducción

En mi obra Confesiones de una docente, planteo una tesis que desafía la visión técnica y aséptica de la instrucción: el salón de clases es, con todo respeto, un hervidero de situaciones. Esta definición aleja al aula de la imagen del laboratorio controlado y la sitúa en el terreno de lo vivo, lo imprevisible y lo térmico. Para comprender esta ebullición, es necesario identificar cinco niveles de interacción que, aunque a menudo son ignorados por las teorías de escritorio, constituyen la columna vertebral de la escuela.

I. El Maestro y sus Supervisores: La Estética del Maquillaje

El primer nivel de presión en el hervidero es la relación con los directivos y supervisores. Aquí se manifiesta la tensión entre la autonomía profesional y el control burocrático. En la práctica, el docente se ve forzado a recurrir al "maquillaje" administrativo: presentar planificaciones impecables que satisfagan la norma, aunque la realidad del aula haya impuesto un rumbo distinto.

Como señala Stephen Ball (2003), el docente vive bajo el "terror de la performatividad", donde se siente obligado a mostrar una imagen de eficiencia que a veces no coincide con la praxis real. Según Ball, "la reforma educativa no solo cambia lo que hacemos, sino lo que somos" (p. 215), convirtiendo al maestro en un fabricante de evidencias para un sistema que valora más el recaudo que el proceso humano.

II. El Maestro con sus Compañeros: Entre el Aula-Isla y la Colaboración

El segundo nivel se desarrolla en la sala de profesores y pasillos. Es la oscilación entre la solidaridad ante la crisis y el aislamiento protector. Andy Hargreaves (1996) describe esto como "individualismo celular". En mis reflexiones, evoco cómo cada salón suele convertirse en una isla donde el docente se refugia. El conflicto oculto aquí es la falta de un trabajo en equipo real; si no hay intercambio, el calor del hervidero se disipa sin generar transformación institucional. Hargreaves advierte que el aislamiento impide el elogio y el apoyo, dejando al docente solo frente a sus fracasos y sus éxitos.

III. El Maestro y los Representantes: El Choque de Expectativas

Este nivel representa la frontera entre la escuela y el hogar, y es donde la temperatura suele alcanzar su punto máximo. El representante, movido por una lógica pragmática, suele buscar un resultado (la nota), mientras que el maestro defiende un proceso (el aprendizaje). Jurjo Torres Santomé (2006) explica que la familia presiona por una "pedagogía de resultados", ignorando a menudo la diversidad del aula. En este choque, el docente se ve cargado con la delegación de la crianza, teniendo que mediar en conflictos que el hogar no ha podido resolver, lo que exige una autonomía profesional firme pero dialógica.

IV. El Maestro y los Alumnos: El Núcleo de la Praxis

Es el corazón del hervidero, donde el afecto y la creatividad son los únicos reguladores válidos. En este nivel, la "educación bancaria" denunciada por Paulo Freire (1997) debe dar paso a una educación dialógica. Para Freire, "enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su propia producción" (p. 47). En mis Confesiones, este nivel se nutre de la pedagogía del afecto. Como indica Carl Rogers (1972), el aprendizaje significativo depende de la autenticidad y la empatía. Aquí, el error no se castiga, se analiza; y la planificación se dobla para servir al ser humano que tenemos enfrente.

V. Los Alumnos con los Alumnos: El Mundo Subterráneo

Finalmente, el nivel más indómito es la interacción entre pares. Es un mundo que el docente "no sabe" del todo: sobrenombres, alianzas y, lamentablemente, dinámicas de acoso o bullying. Philippe Perrenoud (2006) lo llama "el oficio del alumno", una cultura clandestina con sus propias reglas de poder. Ignorar este nivel es peligroso; un hervidero sin vigilancia antropológica puede derivar en violencia. Como señala Dan Olweus (1993), el acoso escolar invalida la seguridad necesaria para aprender. Reconocer esta subjetividad colectiva es vital para que el docente pueda gestionar la convivencia desde la realidad y no desde la suposición.

Conclusión

El salón de clases como "hervidero" nos recuerda que la educación es un acto de valentía. Al diseccionar estos cinco niveles, queda claro que el docente no es un técnico, sino un artesano de las relaciones humanas. La autonomía, la escucha y el afecto son los elementos que permiten que este hervor no desborde la institución, sino que cocine un futuro más humano para nuestros alumnos.

Referencias Bibliográficas

  • Ball, S. J. (2003). Profesionalismo, gerencialismo y performatividad. Revista Educación y Pedagogía, 15(37), 87-104.
  • Cornieles, I. (2023). Confesiones de una docente: Reflexiones sobre la práctica pedagógica. Saber UCV. Repositorio Institucional de la Universidad Central de Venezuela.
  • Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía. Siglo XXI Editores.
  • Hargreaves, A. (1996). Profesorado, cultura y postmodernidad: Cambian los tiempos, cambia el profesorado. Ediciones Morata.
  • Olweus, D. (1993). Bullying at School: What We Know and What We Can Do. Blackwell Publishing.
  • Perrenoud, P. (2006). El oficio de alumno y el sentido del trabajo escolar. Popular.
  • Rogers, C. (1972). Libertad y creatividad en la educación. Paidós.
  • Torres Santomé, J. (2006). La desmotivación del profesorado. Ediciones Morata.

 

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