Fomento delpensamiwnto crítico en escolares
Fomentar el pensamiento crítico es un proceso que requiere transformar el aula en un laboratorio de ideas y el hogar en un espacio de curiosidad constante.
Es una tarea silenciosa, lenta pero firme. Es la formación del niño como futuro ciudadano ningún tiempo se pierde cuando ayudamos a la formación del ser humano, cuando no lo dejamos en manos del azar.
El maestro debe dejar de ser la fuente única de verdad para convertirse en un guía que utiliza la pregunta socrática como herramienta principal; en lugar de premiar la respuesta rápida y memorizada, debe valorar el proceso de razonamiento, preguntando constantemente el porqué de las cosas y permitiendo que los alumnos cuestionen incluso los libros de texto o las opiniones del docente. Para que esto sea efectivo, es vital crear un ambiente de seguridad psicológica donde el error no se castigue, sino que se analice como un paso lógico hacia el conocimiento profundo. Por otro lado, la formación del pensamiento crítico se interrumpe si en casa se mantiene un modelo autoritario o de sobreprotección. Para involucrar a los padres, el maestro debe comunicarles que su labor no es dar soluciones, sino plantear retos; se les debe invitar a que en el día a día permitan que sus hijos tomen decisiones pequeñas, que los escuchen sin juzgar cuando expresen opiniones diferentes y que fomenten el diálogo sobre temas de actualidad o dilemas cotidianos. Una estrategia útil es enviar a casa tareas de reflexión compartida en lugar de ejercicios mecánicos, donde el objetivo sea que el niño y el adulto debatan una idea, obligándolos a ambos a salir de su zona de confort intelectual y a entender que pensar críticamente es, en esencia, una forma de libertad que se cultiva tanto frente al pizarrón como en la mesa del comedor. No se trata de que el padre o madre, o los hermanos hagan la tarea, es hacer de la tarea la fuente de conocimiento, del deseo de saber. Para transformar la tarea de una carga tediosa en una auténtica fuente de saber, el maestro debe dar un giro radical hacia la relevancia y la curiosidad, alejándose de la repetición mecánica que suele generar rechazo. El secreto está en diseñar actividades que conecten el contenido académico con la realidad inmediata del niño; por ejemplo, en lugar de resolver diez restas abstractas en el cuaderno, se le puede pedir que analice el ticket del supermercado o que calcule cuánta comida se desperdicia en casa, convirtiendo el número en una herramienta de comprensión del mundo. Para lograr esto, es fundamental que el docente explique siempre el "para qué" de la actividad, asegurándose de que el niño entienda que no está trabajando para cumplir con una obligación escolar, sino para adquirir un poder o una habilidad que podrá usar fuera del aula.
En este proceso, el papel de los padres es crucial y debe ser reenfocado: su misión no es supervisar la perfección del ejercicio ni corregir cada error, sino actuar como cómplices de la investigación. Se puede involucrar a la familia proponiendo "tareas de entrevista" o "desafíos de observación", donde el niño deba preguntar a sus padres cómo usan ellos la lectura o la lógica en sus empleos, transformando la mesa del comedor en un foro de intercambio de saberes. Cuando los padres muestran entusiasmo por el descubrimiento en lugar de ansiedad por la calificación, el niño percibe que aprender es un privilegio y no un castigo. Al final, la tarea deja de ser un fastidio cuando se convierte en un puente que conecta el conocimiento con la vida real, permitiendo que el estudiante sienta el placer de decir "ahora entiendo cómo funciona esto", fortaleciendo así su autonomía y su deseo intrínseco de seguir explorando.
Recuerdo que cuando fui maestra hice algo de lo cual me arrepiento. Yo daba quinto grado y el próximo daría sexto grado, así que les puse a esos niños casi una tarea por cada días de vacaciones. Yo conversaba todo con mis padres, y ellos me dijeron, te gustaría que te fulminaran tus vacaciones así. Y me dijeron tantas cosas , que si en esa época hubiera existido el correo electrónico o los teléfonos celulares los hubiera llamado para que no la hicieran. Eso me llevó escribir un artículo publicado en una revista del Ministerio donde me mostré contra la tarea y expliqué mis razones. Lo que si sé, que cuando llegaron los niños a mi sexto grado y cogimos confianza un alumno me dijo: Ud. me jodió las vacaciones. Así que les pedí perdón. Pero eso , hoy lo veo con sentido crítico, ellos fueron sinceros conmigo y yo entendí. Así que traté de inventar. Da la casualidad que el Director de la escuela de Educación UCV de esa época fue director de la experimental Artigas. así que en enero cuando cumplió año la Escuela Artigas de fundada(yo estudiaba Educación UCV) y llevé varios niños para que lo entrevistaran, y un padre no llevó en su carro a la UCV. Recuerdo si no se me ha olvidado que lo entrevistó Olguita Cardona. Siempre la he considerado una de mis mejores alumnas. Olguita goza hoy de un extraordinario cargo a nivel internacional.
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