martes, 26 de mayo de 2026

 

PROF. IDALIA CORNIELES

BLOOGER DE IDALIA CORNIELES

dlcornieles@gmail.com

LA INTERDISISPLINARIEDAD CRITICAS

https://orcid.org/0009-0006-8391-7632

 

Para profundizar en esta crítica desde mi visión, debemos observar el aula —y el sistema educativo en su conjunto— no como un contenedor estático de contenidos, sino como ese hervidero que he definido: un sistema complejo, abierto y en constante intercambio de energía e información.

La Pedagogía de la Continuidad nace, precisamente, para resistir la fragmentación. Al aplicar esta crítica, mi postura se articula en torno a tres ejes fundamentales:

1. La ruptura de la linealidad (El fin del "corte" administrativo)

La crítica principal que dirijo a los modelos actuales es su obsesión por la segmentación temporal y académica. Cuando el sistema educativo trata a un adolescente como un expediente que se "cierra" al final de un año escolar o se "pierde" en la transición entre niveles, está ignorando la naturaleza termodinámica del aprendizaje.

Desde mi perspectiva, la continuidad no es simplemente "permanencia"; es fluidez. El sistema educativo tiende a tratar la trayectoria como una serie de estados de equilibrio, cuando en realidad, la vida del estudiante —especialmente en esa franja de 13 a 17 años que tanto me preocupa por su invisibilidad— es una sucesión de estructuras disipativas. Mi crítica propone que, si no hay una Pedagogía de la Continuidad, el sistema simplemente expulsa a estos sujetos porque no sabe cómo procesar el "caos" de su evolución constante.

2. El "Hervidero" como espacio de resistencia a la entropía

Cuando afirmo que el aula es un hervidero, estoy planteando que la enseñanza debe fomentar la autoorganización. En la pedagogía tradicional, la rigidez del programa suele aumentar la entropía del sistema: los estudiantes se desconectan y el conocimiento se estanca.

Mi aplicación de la crítica en este marco busca transformar esa entropía en estructura. Al integrar la docencia compartida y la colaboración interdisciplinaria, convertimos al docente no en un transmisor, sino en un catalizador que permite que el aula —como sistema disipativo— evolucione. La continuidad aquí es la capacidad de mantener el "hervidero" activo, evitando que la burocracia institucional enfríe el proceso de aprendizaje.

3. La dimensión humana frente a la invisibilidad

Finalmente, mi crítica se centra en el sujeto. Al desarrollar el SISTEI, lo que busco es visibilizar esas trayectorias que el sistema ignora. La Pedagogía de la Continuidad es, en esencia, un acto ético: es negarse a que el estudiante sea una variable olvidada en la ecuación.

Para mí, la crítica debe llevarnos a una pedagogía de la presencia. Si logramos aplicar esta visión, el sistema educativo dejará de ser una estructura que mide resultados fragmentados para convertirse en un tejido que sostiene la trayectoria vital, reconociendo que el aprendizaje es, al igual que la vida misma, un proceso que no debería tener soluciones de continuidad impuestas por modelos pedagógicos obsoletos.

Esta es la ruta que estoy trazando: pasar de la denuncia de la fragmentación a la construcción de un sistema que, mediante la integración de la educación y la salud, permita que el sujeto no solo transite, sino que florezca en su propia complejidad.

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