PROF. IDALIA CORNIELES
BLOOGER DE IDALIA CORNIELES
dlcornieles@gmail.com
LA INTERDISISPLINARIEDAD CRITICAS
https://orcid.org/0009-0006-8391-7632
Para
profundizar en esta crítica desde mi visión, debemos observar el aula —y el
sistema educativo en su conjunto— no como un contenedor estático de contenidos,
sino como ese hervidero que he definido: un sistema complejo, abierto y
en constante intercambio de energía e información.
La
Pedagogía de la Continuidad nace, precisamente, para resistir la
fragmentación. Al aplicar esta crítica, mi postura se articula en torno a tres
ejes fundamentales:
1. La ruptura de la linealidad
(El fin del "corte" administrativo)
La
crítica principal que dirijo a los modelos actuales es su obsesión por la
segmentación temporal y académica. Cuando el sistema educativo trata a un
adolescente como un expediente que se "cierra" al final de un año
escolar o se "pierde" en la transición entre niveles, está ignorando
la naturaleza termodinámica del aprendizaje.
Desde
mi perspectiva, la continuidad no es simplemente "permanencia"; es fluidez.
El sistema educativo tiende a tratar la trayectoria como una serie de estados
de equilibrio, cuando en realidad, la vida del estudiante —especialmente en esa
franja de 13 a 17 años que tanto me preocupa por su invisibilidad— es una
sucesión de estructuras disipativas. Mi crítica propone que, si no hay
una Pedagogía de la Continuidad, el sistema simplemente expulsa a estos sujetos
porque no sabe cómo procesar el "caos" de su evolución constante.
2. El "Hervidero" como
espacio de resistencia a la entropía
Cuando
afirmo que el aula es un hervidero, estoy planteando que la enseñanza
debe fomentar la autoorganización. En la pedagogía tradicional, la
rigidez del programa suele aumentar la entropía del sistema: los estudiantes se
desconectan y el conocimiento se estanca.
Mi
aplicación de la crítica en este marco busca transformar esa entropía en
estructura. Al integrar la docencia compartida y la colaboración interdisciplinaria,
convertimos al docente no en un transmisor, sino en un catalizador que permite
que el aula —como sistema disipativo— evolucione. La continuidad aquí es la
capacidad de mantener el "hervidero" activo, evitando que la
burocracia institucional enfríe el proceso de aprendizaje.
3. La dimensión humana frente a
la invisibilidad
Finalmente,
mi crítica se centra en el sujeto. Al desarrollar el SISTEI, lo que
busco es visibilizar esas trayectorias que el sistema ignora. La Pedagogía de
la Continuidad es, en esencia, un acto ético: es negarse a que el estudiante
sea una variable olvidada en la ecuación.
Para
mí, la crítica debe llevarnos a una pedagogía de la presencia. Si
logramos aplicar esta visión, el sistema educativo dejará de ser una estructura
que mide resultados fragmentados para convertirse en un tejido que sostiene la
trayectoria vital, reconociendo que el aprendizaje es, al igual que la vida
misma, un proceso que no debería tener soluciones de continuidad impuestas por
modelos pedagógicos obsoletos.
Esta
es la ruta que estoy trazando: pasar de la denuncia de la fragmentación a la
construcción de un sistema que, mediante la integración de la educación y la
salud, permita que el sujeto no solo transite, sino que florezca en su propia
complejidad.
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