PROF. IDALIA CORNIELES
BLOOGER DE Idalia
Cornieles
dlcornieles@gmail.com
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https://orcid.org/0009-0006-8391-7632
Título: El Aula como Estructura
Disipativa: Manifiesto para un Hervidero Pedagógico y la Praxis Continua
Por:
Idalia Cecilia Cornieles Díaz
Universidad
Central de Venezuela (UCV)
Introducción: El mito del aula en equilibrio
Quiero
iniciar esta intervención invitándolos a evocar una imagen que la burocracia
escolar nos ha vendido durante siglos como el ideal del éxito pedagógico: un
aula en perfecto silencio, con filas de pupitres simétricos, donde un docente
repite un saber parcelado y un grupo de niños recibe pasivamente el dictado de
una supuesta verdad. Nos han enseñado a amar el equilibrio y a temer al ruido,
con la convicción que otorgan más de cincuenta años de habitar las aulas y
desde la trinchera de la investigación en nuestra Universidad Central de
Venezuela, que esa imagen no es la de una escuela viva; es, pedagógica y
epistemológicamente, una fotografía de la inercia. La educación contemporánea
nos exige romper de manera definitiva con el aislamiento celular del maestro y
la fragmentación mecánica del saber. No podemos seguir pretendiendo que el
estudiante aprenda en compartimientos estancos lo que la realidad le presenta
de forma interconectada y palpitante. La propuesta que hoy les comparto no es
un método cerrado, sino una filosofía de acción continua: un manifiesto para
transformar el aula en un verdadero espacio de ebullición democrática,
científica y social.
Eje I: La Interdisciplinariedad
Biopsicosocial y la Arquitectura Cognitiva
No
hay aprendizaje en el vacío de la abstracción. El saber no flota sobre las
cabezas de nuestros estudiantes; encarna en un cuerpo que siente, que se nutre,
que duele y que se desarrolla en entornos socioculturales específicos. Por
ello, nuestro primer eje propone dejar de considerar la pedagogía como una
provincia aislada de las condiciones vitales del sujeto.
Cuando
desde el Proyecto SISTEI (Sistema Integral de la Trayectoria Educativa y
de Salud) nos propusimos mirar el recorrido del estudiante hasta su madurez,
entendimos que no podíamos separar la mente del cuerpo. Nuestra investigación
sobre la salud bucodental en el Grupo Escolar “José María Bianco” no fue un
acto de asistencia médica colateral; fue un acto pedagógico fundamental.
Demostramos que la vigilancia nutricional, la salud bucodental y el desarrollo
cognitivo forman una sola trama.
Para
comprender esto, la universidad debe mirar hacia el Pensamiento Complejo de
Edgar Morin. Él nos advierte que el conocimiento pertinente debe reconocer
el carácter multidimensional del ser humano y restaurar los lazos entre las
ciencias naturales y las humanas. Al cruzar las fronteras entre la educación,
la odontología, la medicina y el trabajo social, hacemos lo que Ilya
Prigogine denominaría la comprensión de un sistema abierto. Las
variables biológicas y ambientales son fluctuaciones críticas capaces de
potenciar o desestabilizar la estructura del aprendizaje. Cuidar la salud
integral del escolar es, en esencia, asegurar la viabilidad de su arquitectura
cognitiva.
Eje II: Micromundos Manipulables:
Humanizar la Abstracción
¿Cómo
pretendemos despertar el amor por las ciencias exactas si seguimos atrapados en
la enseñanza puramente verbalista y paramétrica? Exhortamos a los educadores a
sustituir la pizarra muerta por la construcción de micromundos manipulables.
En
nuestra línea de investigación sobre la enseñanza de la geometría a través del origami,
hemos evidenciado que el espacio geométrico y las relaciones abstractas se
conquistan primero a través del tacto, el movimiento, la precisión y la
transformación directa de la materia.
Aquí
nos respaldamos en la Epistemología Genética de Jean Piaget: el
pensamiento lógico-matemático brota de las acciones coordinadas que el sujeto
ejerce sobre los objetos. El papel, al ser plegado por las manos de un niño,
deja de ser celulosa para convertirse en un laboratorio vivo. Las simetrías,
las líneas notables, las proporciones y los polígonos se transforman en invariantes
operatorios descubiertos por la experiencia.
Esto
es, en los términos de Jean Lave y Etienne Wenger, una Cognición
Situada. El aprendizaje es un proceso social y práctico ligado a su
contexto. El origami deviene así en un puente cultural, artístico y heurístico
donde la abstracción matemática se humaniza a través del juego constructivo.
Eje III: Docencia Compartida
contra la Soledad del Feudo
El
tercer eje de este manifiesto es un llamado a la resistencia ética: la
abolición del aula como feudo individual. El maestro no debe investigar ni
enseñar en la soledad alienante de su cátedra. La transformación curricular que
heredamos del movimiento de la Escuela Nueva exige colectivos de
educadores en servicio que co-planifiquen, co-enseñen y co-evalúen en tiempo
real dentro del mismo espacio didáctico.
Esta
práctica encuentra su más alta herencia en las corrientes de la pedagogía
democrática latinoamericana, inspiradas en la máxima de nuestro Simón
Rodríguez: “Al muelle de la invención vamos a parar todos, el que no
inventa no sabe”. Para inventar colectivamente, debemos asumir el aula como
una comunidad de indagación crítica.
El
respaldo teórico más robusto a esta práctica cooperativa proviene de Lev
Vygotsky y su concepto de la Zona de Desarrollo Próximo, que no solo
aplica al niño, sino al andamiaje recíproco entre los propios docentes. Al
mismo tiempo, nos apoyamos en Donald Schön y su noción del “profesional
reflexivo”. El conocimiento más legítimo de la educación se produce cuando
los docentes investigan críticamente sobre y en su propia
práctica de forma compartida, transformando el aula cotidiana en el laboratorio
principal de las ciencias de la educación.
Eje IV: El "Hervidero
Pedagógico" y las Estructuras Disipativas
Llegamos
así al corazón de esta propuesta: la concepción de la formación docente y el
nacimiento del "Hervidero Pedagógico". El maestro no es un
técnico ejecutor de currículos diseñados en oficinas burocráticas; es un
intelectual de base, un investigador en servicio permanente que teoriza desde
el epicentro de su práctica. La formación no se recibe de forma pasiva; se
conquista en la cotidianidad del aula, allí donde los saberes entran en
ebullición.
El
aula no es un espacio estático, rígido y silencioso; es un ecosistema vivo, un
sistema dinámico y complejo caracterizado por la efervescencia de
interacciones, afectos, conflictos y subjetividades en constante movimiento.
Es, llanamente, un hervidero.
Esta
postura encuentra un respaldo categórico en la Pedagogía Crítica de Paulo
Freire, quien afirmaba con vehemencia que “no hay enseñanza sin
investigación ni investigación sin enseñanza”. El docente, al habitar el
hervidero, se despoja de la soberanía del saber absoluto para convertirse en un
eterno aprendiz que se alfabetiza políticamente junto a sus estudiantes.
Y
para comprender la naturaleza profunda de este hervidero escolar, la pedagogía
debe dialogar nuevamente con la física de los procesos irreversible de Ilya
Prigogine. El aula contemporánea es un sistema alejado del equilibrio; es
una estructura disipativa. Lejos de temer al desorden aparente o al
ruido de las ideas en confrontación, el educador formado bajo esta mirada
comprende que el caos y las fluctuaciones son las condiciones necesarias para
el surgimiento de nuevos y más complejos órdenes cognitivos y sociales.
Como
defendía Lawrence Stenhouse, el desarrollo curricular es un proceso de
conjeturas que solo los maestros pueden validar en la acción. Formarse como
docente es, en última instancia, aprender a pilotar la incertidumbre del
hervidero, transformando la práctica diaria en un acto consciente de
resistencia pedagógica y emancipación social.
Conclusión: El llamado a la
invención
Colegas,
investigadores, maestros:
El
aula-hervidero no se controla ni se reprime; se dinamiza. Nuestra tarea como
investigadores de la Universidad Central de Venezuela y de las instituciones
hermanas no es normar el caos, ni domesticar la ebullición de nuestras
escuelas. Nuestra tarea es fertilizar ese caos a través de la investigación
intersectorial, la didáctica viva, el conflicto constructivo y el trabajo
solidario entre pares.
No
tengamos miedo al movimiento. El movimiento es vida; la inmovilidad es el
olvido de la potencia humana. Desde la pedagogía de la ebullición, asumamos el
compromiso ético de acompañar a nuestros estudiantes y a nuestros maestros en
la construcción de una educación continua, abierta al porvenir y profundamente
emancipadora.
¡Aceptemos,
hoy más que nunca, el reto de la invención pedagógica!
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