martes, 26 de mayo de 2026

 

PROF. IDALIA CORNIELES

BLOOGER DE Idalia Cornieles

dlcornieles@gmail.com

}

https://orcid.org/0009-0006-8391-7632

 

 

Título: El Aula como Estructura Disipativa: Manifiesto para un Hervidero Pedagógico y la Praxis Continua

Por: Idalia Cecilia Cornieles Díaz

Universidad Central de Venezuela (UCV)

Introducción: El mito del aula en equilibrio

Quiero iniciar esta intervención invitándolos a evocar una imagen que la burocracia escolar nos ha vendido durante siglos como el ideal del éxito pedagógico: un aula en perfecto silencio, con filas de pupitres simétricos, donde un docente repite un saber parcelado y un grupo de niños recibe pasivamente el dictado de una supuesta verdad. Nos han enseñado a amar el equilibrio y a temer al ruido, con la convicción que otorgan más de cincuenta años de habitar las aulas y desde la trinchera de la investigación en nuestra Universidad Central de Venezuela, que esa imagen no es la de una escuela viva; es, pedagógica y epistemológicamente, una fotografía de la inercia. La educación contemporánea nos exige romper de manera definitiva con el aislamiento celular del maestro y la fragmentación mecánica del saber. No podemos seguir pretendiendo que el estudiante aprenda en compartimientos estancos lo que la realidad le presenta de forma interconectada y palpitante. La propuesta que hoy les comparto no es un método cerrado, sino una filosofía de acción continua: un manifiesto para transformar el aula en un verdadero espacio de ebullición democrática, científica y social.

Eje I: La Interdisciplinariedad Biopsicosocial y la Arquitectura Cognitiva

No hay aprendizaje en el vacío de la abstracción. El saber no flota sobre las cabezas de nuestros estudiantes; encarna en un cuerpo que siente, que se nutre, que duele y que se desarrolla en entornos socioculturales específicos. Por ello, nuestro primer eje propone dejar de considerar la pedagogía como una provincia aislada de las condiciones vitales del sujeto.

Cuando desde el Proyecto SISTEI (Sistema Integral de la Trayectoria Educativa y de Salud) nos propusimos mirar el recorrido del estudiante hasta su madurez, entendimos que no podíamos separar la mente del cuerpo. Nuestra investigación sobre la salud bucodental en el Grupo Escolar “José María Bianco” no fue un acto de asistencia médica colateral; fue un acto pedagógico fundamental. Demostramos que la vigilancia nutricional, la salud bucodental y el desarrollo cognitivo forman una sola trama.

Para comprender esto, la universidad debe mirar hacia el Pensamiento Complejo de Edgar Morin. Él nos advierte que el conocimiento pertinente debe reconocer el carácter multidimensional del ser humano y restaurar los lazos entre las ciencias naturales y las humanas. Al cruzar las fronteras entre la educación, la odontología, la medicina y el trabajo social, hacemos lo que Ilya Prigogine denominaría la comprensión de un sistema abierto. Las variables biológicas y ambientales son fluctuaciones críticas capaces de potenciar o desestabilizar la estructura del aprendizaje. Cuidar la salud integral del escolar es, en esencia, asegurar la viabilidad de su arquitectura cognitiva.

Eje II: Micromundos Manipulables: Humanizar la Abstracción

¿Cómo pretendemos despertar el amor por las ciencias exactas si seguimos atrapados en la enseñanza puramente verbalista y paramétrica? Exhortamos a los educadores a sustituir la pizarra muerta por la construcción de micromundos manipulables.

En nuestra línea de investigación sobre la enseñanza de la geometría a través del origami, hemos evidenciado que el espacio geométrico y las relaciones abstractas se conquistan primero a través del tacto, el movimiento, la precisión y la transformación directa de la materia.

Aquí nos respaldamos en la Epistemología Genética de Jean Piaget: el pensamiento lógico-matemático brota de las acciones coordinadas que el sujeto ejerce sobre los objetos. El papel, al ser plegado por las manos de un niño, deja de ser celulosa para convertirse en un laboratorio vivo. Las simetrías, las líneas notables, las proporciones y los polígonos se transforman en invariantes operatorios descubiertos por la experiencia.

Esto es, en los términos de Jean Lave y Etienne Wenger, una Cognición Situada. El aprendizaje es un proceso social y práctico ligado a su contexto. El origami deviene así en un puente cultural, artístico y heurístico donde la abstracción matemática se humaniza a través del juego constructivo.

Eje III: Docencia Compartida contra la Soledad del Feudo

El tercer eje de este manifiesto es un llamado a la resistencia ética: la abolición del aula como feudo individual. El maestro no debe investigar ni enseñar en la soledad alienante de su cátedra. La transformación curricular que heredamos del movimiento de la Escuela Nueva exige colectivos de educadores en servicio que co-planifiquen, co-enseñen y co-evalúen en tiempo real dentro del mismo espacio didáctico.

Esta práctica encuentra su más alta herencia en las corrientes de la pedagogía democrática latinoamericana, inspiradas en la máxima de nuestro Simón Rodríguez: “Al muelle de la invención vamos a parar todos, el que no inventa no sabe”. Para inventar colectivamente, debemos asumir el aula como una comunidad de indagación crítica.

El respaldo teórico más robusto a esta práctica cooperativa proviene de Lev Vygotsky y su concepto de la Zona de Desarrollo Próximo, que no solo aplica al niño, sino al andamiaje recíproco entre los propios docentes. Al mismo tiempo, nos apoyamos en Donald Schön y su noción del “profesional reflexivo”. El conocimiento más legítimo de la educación se produce cuando los docentes investigan críticamente sobre y en su propia práctica de forma compartida, transformando el aula cotidiana en el laboratorio principal de las ciencias de la educación.

Eje IV: El "Hervidero Pedagógico" y las Estructuras Disipativas

Llegamos así al corazón de esta propuesta: la concepción de la formación docente y el nacimiento del "Hervidero Pedagógico". El maestro no es un técnico ejecutor de currículos diseñados en oficinas burocráticas; es un intelectual de base, un investigador en servicio permanente que teoriza desde el epicentro de su práctica. La formación no se recibe de forma pasiva; se conquista en la cotidianidad del aula, allí donde los saberes entran en ebullición.

El aula no es un espacio estático, rígido y silencioso; es un ecosistema vivo, un sistema dinámico y complejo caracterizado por la efervescencia de interacciones, afectos, conflictos y subjetividades en constante movimiento. Es, llanamente, un hervidero.

Esta postura encuentra un respaldo categórico en la Pedagogía Crítica de Paulo Freire, quien afirmaba con vehemencia que “no hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza”. El docente, al habitar el hervidero, se despoja de la soberanía del saber absoluto para convertirse en un eterno aprendiz que se alfabetiza políticamente junto a sus estudiantes.

Y para comprender la naturaleza profunda de este hervidero escolar, la pedagogía debe dialogar nuevamente con la física de los procesos irreversible de Ilya Prigogine. El aula contemporánea es un sistema alejado del equilibrio; es una estructura disipativa. Lejos de temer al desorden aparente o al ruido de las ideas en confrontación, el educador formado bajo esta mirada comprende que el caos y las fluctuaciones son las condiciones necesarias para el surgimiento de nuevos y más complejos órdenes cognitivos y sociales.

Como defendía Lawrence Stenhouse, el desarrollo curricular es un proceso de conjeturas que solo los maestros pueden validar en la acción. Formarse como docente es, en última instancia, aprender a pilotar la incertidumbre del hervidero, transformando la práctica diaria en un acto consciente de resistencia pedagógica y emancipación social.

Conclusión: El llamado a la invención

Colegas, investigadores, maestros:

El aula-hervidero no se controla ni se reprime; se dinamiza. Nuestra tarea como investigadores de la Universidad Central de Venezuela y de las instituciones hermanas no es normar el caos, ni domesticar la ebullición de nuestras escuelas. Nuestra tarea es fertilizar ese caos a través de la investigación intersectorial, la didáctica viva, el conflicto constructivo y el trabajo solidario entre pares.

No tengamos miedo al movimiento. El movimiento es vida; la inmovilidad es el olvido de la potencia humana. Desde la pedagogía de la ebullición, asumamos el compromiso ético de acompañar a nuestros estudiantes y a nuestros maestros en la construcción de una educación continua, abierta al porvenir y profundamente emancipadora.

¡Aceptemos, hoy más que nunca, el reto de la invención pedagógica!

No hay comentarios:

Publicar un comentario