EL
DOCENTE COMO FACILITADOR
IDALIA
CORNEIELES DIAZ
Considerar
al docente como un mero «facilitador del aprendizaje» constituye una de las
formulaciones más dañinas y reduccionistas de la pedagogía contemporánea, la
cual, bajo una apariencia de modernización y democratización del aula, esconde
una renuncia explícita a la responsabilidad educativa, vacía de contenido la
enseñanza y profundiza la desigualdad social. En primer lugar, esta postura
provoca un grave vaciamiento del contenido y una desvalorización del saber
acumulado, al desplazar el foco de atención desde la enseñanza activa y el
conocimiento estructurado hacia la mera actividad autoguiada del estudiante.
Cuando el docente se limita a facilitar, el conocimiento corre el riesgo de
reducirse a una construcción subjetiva donde todo saber parece valer lo mismo,
lo que conduce a la pérdida del acceso al «conocimiento poderoso» (Young, 2016)
—ciencia, historia y arte— que los alumnos jamás podrían descubrir por sí
solos. De este modo, se trivializa el proceso educativo al convertir el aula en
un espacio de mero entretenimiento o gestión emocional, lo que Gert Biesta
(2017) denomina el fenómeno de la «aprendificación», en detrimento del rigor
conceptual, la instrucción y el pensamiento crítico profundo.
Asimismo,
la noción del facilitador incrementa de forma alarmante las brechas de
desigualdad social. Este enfoque asume falsamente que todos los estudiantes
parten de las mismas condiciones de motivación y capital cultural para
autodirigir su formación. La realidad demuestra que los sectores más
desfavorecidos son los que más sufren este abandono pedagógico, pues no
necesitan un orientador que se mantenga al margen, sino una instrucción
directa, explícita y estructurada. Al delegar la responsabilidad en el
imperativo de «aprender a aprender», la escuela pública renuncia a su función
democratizadora del conocimiento formal y reproduce las desigualdades de clase
originarias (Bourdieu & Passeron, 1996), favoreciendo únicamente a quienes
ya cuentan con un entorno sociocultural privilegiado fuera de la institución.
Por
otro lado, esta ideología busca la abolición de la autoridad pedagógica y de la
asimetría necesaria que vertebra toda relación educativa. Toda enseñanza es
intrínsecamente asimétrica porque el docente domina un saber que el estudiante
aún desconoce, teniendo la responsabilidad ética y profesional de introducirlo
en ese universo sin caer en la tentación de moldearlo a su antojo o abandonar
su mediación (Meirieu, 1998). Confundir la autoridad del profesor con el
autoritarismo priva al alumno de un referente adulto capacitado para corregir y
exigir, al tiempo que reduce al maestro a un objeto prescindible que fácilmente
podría ser sustituido por herramientas tecnológicas. Finalmente, esta visión
degrada la profesión docente al responder a una lógica neoliberal que subordina
la escuela a las exigencias del mercado (Laval, 2004), convirtiendo al maestro
de una disciplina en un simple animador socioeducativo o gestor logístico
desprovisto de su dimensión filosófica, académica y política. En síntesis,
enseñar no es facilitar el camino que el alumno ya quiere recorrer, sino
desafiarlo a descubrir mundos y conceptos a los que jamás habría accedido sin
la mediación experta de un verdadero maestro.
Referencias bibliográficas
- Biesta, G. (2017). El redescubrimiento de la enseñanza. Federación Española de
Religiosos de la Enseñanza-Titulares de Centros Católicos (FERE-CECA).
- Bourdieu,
P., & Passeron, J. C. (1996). La reproducción: Elementos
para una teoría del sistema de enseñanza. Fontamara.
- Laval, C. (2004). La escuela no es una empresa: El ataque neoliberal a la
enseñanza pública. Paidós.
- Meirieu, P. (1998). Frankenstein educador. Laertes.
- Young, M. (2016). Por qué el conocimiento importa en las escuelas del siglo XXI. Cadernos
de Pesquisa, 46(159), 18-37.
No hay comentarios:
Publicar un comentario